Nuestra vida, y esto es triste decirlo, suele estar plagada de gente que hace su chamba así nomás. Como sin querer queriendo. De seres humanos que salen a trabajar, marcan tarjeta, calientan asiento de ocho a diez horas y luego regresan a su casa sin que nada excepcional haya pasado en sus vidas, y en la de los demás. Son personas prescindibles, olvidables, que cumplen con las tareas que se les encomiendan de manera diligente, y a veces ni eso.
Sin embargo, cuando descubro la historia del ahora ya famosísimo César Soto, piloto de Taca, que ha desarrollado un discurso lo suficientemente amigable como para quitarle a sus pasajeros los espantosos nervios que producen el despegue y el aterrizaje. O la del velerista peruano Sebastián Schreier Loret de Mola, que abandonó la competencia de windsurf que tanto había esperado para atender al competidor español que se estaba ahogando por culpa de un aparatoso golpe; entonces empiezo a creer un poco más en la humanidad.
Descubro que a pesar de las mezquindades de la vida cotidiana, de las que yo también formo parte, hay individuos que, sabiendo que no necesariamente les van a pagar más por esos detalles, deciden hacer de su paso por esta vida una experiencia extraordinaria para ellos, y para los demás.
Son personas esforzadas que no se conforman, pues. Como no lo hizo el ministro de Salud, el doctor "scar Ugarte, quien, a diferencia de otros funcionarios que se quedan paralizados por terror a las demandas, se enfrentó al Tribunal Constitucional y revocó la medida que impedía repartir la píldora del día siguiente. Con esto Ugarte acabó con una disposición discriminatoria y les devolvió a TODAS las mujeres del Perú, no solo a las que tienen plata, su derecho a decidir qué método anticonceptivo utilizar.
Y no me puedo olvidar de mi amigo Augusto Álvarez Rodrich, con quien he compartido más de tres años la mesa de conducción en Ampliación de Noticias. A Augusto, en todo este tiempo, lo vi hacer su trabajo con honestidad, valentía y lucidez. Sin importarle si esa pregunta que solo a él se le ocurría lanzar lo iba a meter en problemas o le iba a acarrear algún conflicto laboral. Hoy Augusto se va a brillar con luz propia a Radio Capital y, para suerte de sus oyentes y del país, seguirá marcando la diferencia con su trabajo claro, directo y honesto.
Se supone que en esta columna tendría que haber despotricado contra funcionarios mediocres que otorgan indultos injustificados a delincuentes, y luego nos quieren hacer creer que fueron sorprendidos. Pero la verdad hoy me dio flojera tener que seguir hablando de los que no quieren hacer las cosas bien. De los que no se esfuerzan. Hoy me quedo solo con la buena gente.

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